¿Has pasado todo el verano descalzo? No pierdas esa sensación en septiembre.

¿Has pasado todo el verano descalzo? No pierdas esa sensación en septiembre.

Hay algo que ocurre cada verano casi sin darnos cuenta, empezamos a pasar más tiempo descalzos: en la playa, en casa, junto a la piscina o caminando sobre el césped, incluso cuando llevamos calzado, suele ser más ligero y deja que el pie respire un poco más.

Es un cambio tan natural que apenas le prestamos atención, muchas personas descubren durante estas semanas que sus pies se sienten diferentes: más cómodos, menos cansados y con una agradable sensación de libertad. No es una casualidad.

Durante gran parte del año nuestros pies pasan muchas horas dentro de zapatos cerrados, se adaptan a espacios reducidos, permanecen inmóviles durante largas jornadas y terminamos normalizando sensaciones como la presión en los dedos o el deseo de quitarnos los zapatos nada más llegar a casa.

En verano, esa rutina cambia, el pie vuelve a moverse con más naturalidad, recibe más estímulos del suelo y recupera una sensación que llevaba meses sin experimentar.

Quizá por eso muchas personas dicen sentirse más cómodas durante las vacaciones sin saber exactamente por qué.

Cuando vuelve septiembre...

Y entonces llega septiembre, sin apenas darnos cuenta volvemos al trabajo, a la universidad, al gimnasio o a las obligaciones del día a día, recuperamos los horarios, los desplazamientos y, con ellos, los zapatos cerrados durante muchas horas.

Lo curioso es que es justo en ese momento cuando muchas personas empiezan a notar molestias que antes daban por normales. Los pies vuelven a sentirse cansados al final del día, aparece la sensación de presión o simplemente surge ese impulso de caminar descalzo en cuanto se presenta la oportunidad.

Quizá no sea que tus pies se hayan vuelto más sensibles, quizá simplemente recuerdan lo bien que se sentían unas semanas antes.

La libertad no debería durar solo un verano

Existe la idea de que esa sensación de comodidad pertenece únicamente a las vacaciones, como si caminar con libertad fuera un pequeño lujo reservado para agosto.

Pero no tiene por qué ser así, aunque durante el día necesitemos utilizar calzado, sí podemos elegir elementos que respeten mucho más el movimiento natural del pie, a menudo pensamos en los zapatos, pero olvidamos que los calcetines también forman parte de esa experiencia.

Si comprimen los dedos, aprietan demasiado o limitan el movimiento, pueden hacer que esa sensación de libertad desaparezca antes incluso de ponerse los zapatos, en cambio, cuando acompañan la forma natural del pie en lugar de modificarla, la diferencia se nota desde el primer momento.

Empezar septiembre de otra manera

Septiembre suele ser el mes de los nuevos propósitos, nos apuntamos al gimnasio, organizamos mejor nuestra alimentación o intentamos recuperar ciertos hábitos que dejamos durante las vacaciones.

Quizá este año también sea un buen momento para prestar atención a aquello que sostiene nuestro cuerpo cada día.

Porque cuidar los pies no significa hacer grandes cambios de un día para otro, a veces basta con dejar de normalizar pequeñas incomodidades que llevamos demasiado tiempo aceptando.

Y quizá la sensación de libertad que has disfrutado este verano no tenga por qué terminar cuando acaban las vacaciones.