Camina descalzo este verano: un pequeño gesto con grandes beneficios

Camina descalzo este verano: un pequeño gesto con grandes beneficios

El verano tiene algo que el resto del año no tiene, los días se alargan, caminamos sin mirar tanto el reloj y buscamos cualquier excusa para estar al aire libre, es la época en la que dejamos las zapatillas a un lado, nos ponemos unas sandalias o, simplemente, nos descalzamos sin pensarlo demasiado.

Lo hacemos por comodidad. Porque hace calor. Porque apetece.

Pero, sin saberlo, también estamos regalando a nuestros pies algo que durante muchos meses apenas tienen: libertad.

Durante el invierno es fácil pasar diez o doce horas al día con los pies dentro del calzado, nos acostumbramos tanto a esa sensación que dejamos de preguntarnos si realmente es la forma más natural de movernos, en cambio, el verano nos invita a hacer justo lo contrario: caminar por la arena, sentir el césped bajo los pies o recorrer la casa descalzos vuelve a formar parte de nuestro día a día.

Y nuestros pies lo notan.

Cuando caminamos descalzos sobre superficies seguras, el pie participa mucho más en cada paso, los pequeños músculos que sostienen el arco plantar trabajan de forma más activa y el cerebro recibe una mayor cantidad de información procedente de la planta del pie, algo que ayuda a mejorar la percepción del movimiento y el equilibrio. 

Pero más allá de la ciencia, hay una sensación que casi todos reconocemos, la de caminar sin prisa, la de notar la temperatura de la arena al amanecer, la de sentir el césped fresco bajo los pies, la de llegar a casa y no tener ninguna necesidad de quitarse los zapatos... porque ya hace rato que vas descalzo.

Quizá por eso muchas personas dicen que en verano sus pies se sienten diferentes. Más ligeros. Más relajados. Más vivos.

No hace falta recorrer kilómetros descalzo ni convertirlo en un reto, basta con aprovechar esos momentos que el verano nos regala de forma natural: caminar unos minutos por la playa, pasear por el jardín, estar descalzo en casa...

Sentir diferentes superficies y permitir que los pies vuelvan a hacer aquello para lo que fueron diseñados: adaptarse, moverse y sentir.

Eso sí, siempre conviene hacerlo con sentido común, no todas las superficies son adecuadas y no todas las personas deberían caminar descalzas durante largos periodos. Si existen problemas de sensibilidad, determinadas patologías del pie o riesgo de lesiones, es recomendable consultar previamente con un profesional sanitario.

En NüpiSoul creemos que el verano no solo es una época para descansar la mente, también puede ser el momento perfecto para recordar cómo se sienten unos pies cuando tienen espacio para moverse,  porque a veces, cuidar de uno mismo empieza por algo tan sencillo como quitarse los zapatos.